EL  ENGAÑO  DEL  EVOLUCIONISMO

Harun Yahya


I  N  D  I  C  E

Introducción: ¿Cuál es el objetivo de la teoría de la evolución?

Liberarse del prejuicio

Historia suscinta de la teoría

Mecanismo imaginario de la evolución

Los registros fósiles refutan la evolución - Los eslabones que jamás se encontrarán

La fábula de la transición del agua a la tierra

La fábula de la transición de la tierra al aire

Falaz interpretación de los fósiles por parte de los evolucionistas

Falsificaciones de los evolucionistas

El escenario de la evolución humana

El atolladero de la evolución molecular

Diseño y coincidencia

Las suposiciones de los evolucionistas y las estipulaciones reales de las evidencias corporales encontradas en los fósiles y desde el punto de vista de la biología molecular

La teoría de la evolución : una obligación materialista

Conclusión : la evolución es un engaño

Conferencias internacionales

Hegemonía cultural

La guerra contra la religión

La misión de Darwin

Evolución e ideología

"El más grande deber masónico…" y los medios de comunicación sociales

La miseria de la ciencia moderna

"La Real Esencia De La Materia " Una Forma Muy Distinta De Ver La Materia

Conclusión

EL ATOLLADERO DE LA EVOLUCION MOLECULAR

En anteriores secciones de este libro hemos relatado cómo los registros fósiles invalidan la teoría de la evolución. De hecho, no necesitábamos relatar nada de eso porque la teoría de la evolución colapsa mucho antes que se considere algún supuesto acerca de la "evolución de las especies" y acerca de la evidencia de los fósiles. El tema que hace a la teoría sin sentido desde el inicio es la cuestión de cómo apareció la vida en la Tierra la primera vez.

La teoría de la evolución al referirse a esta cuestión, sostiene que la vida comenzó con una célula que se formó por casualidad. De acuerdo al escenario, hace 4 millones de años distintos compuestos químicos inorgánicos sufrieron una reacción en la atmósfera primordial de la Tierra, en la cual los efectos de los rayos y de la presión hicieron que se forme la primera célula viviente. 

Lo primero que se debe decir es que la pretensión de que materiales inorgánicos se juntaron para formar la vida es algo no científico, pues no está verificado por ningún experimento u observación hechos hasta ahora. La vida se genera solamente a partir de la vida. Cada nueva célula con vida se forma por la duplicación de otra. Nadie jamás en el mundo ha tenido éxito para constituir una célula reuniendo materiales inorgánicos, ni siquiera en los laboratorios más avanzados.

La teoría de la evolución pretende que la célula de un ser vivo --que no puede ser producida aunque se reúna al efecto toda la potencia del conocimiento, la tecnología y el intelecto humano-- se las arregló, a pesar de todo, para formarse casualmente bajo las condiciones primitivas de la Tierra. En las páginas que siguen examinaremos porqué esta pretensión se opone a los principios más elementales de la ciencia y de la razón.
 

LA FABULA DE "LA CELULA PRODUCIDA POR CASUALIDAD"

Si alguien cree que una célula pasa a existir por casualidad, entonces no hay nada que le impida creer en la historia que contaremos a continuación. Se trata de la historia de una ciudad.

Un día una masa de barro presionada entre las rocas en una zona estéril, se mojó después de llover. El barro mojado se secó y endureció cuando salió el sol y tomó una forma rígida, resistente. Después, esas rocas, que también sirvieron como molde, se hicieron pedazos y a continuación apareció un ladrillo, robusto, bien formado, bonito. Ese ladrillo esperó años bajo las mismas condiciones naturales hasta que se formase otro ladrillo similar. Así continuó la situación hasta que se formaron cientos de miles de ladrillos en el mismo lugar. De todos modos, de manera casual, no resultó dañado ninguno de los ladrillos. Aunque quedaron expuestos durante miles de años a las tormentas, a las lluvias, a los vientos, al sol abrasador, al frío glacial, los ladrillos no se rompieron, no se fragmentaron ni se dispersaron, sino que permanecieron en el mismo lugar, con la misma determinación, a la espera de que se formen otros ladrillos.

Cuando el número de ladrillos fue adecuado, se colocaron uno sobre el otro y al lado del otro para dar lugar a una edificación, cosa que se logró de manera fortuita por medio de los efectos de las condiciones naturales, como ser, los vientos, los temporales o las tornados. Entre tanto, bajo las "condiciones naturales" se formaron otros materiales, como el cemento o la argamaza, que se colocaron y distribuyeron perfectamente por sí mismos entre los ladrillos para conseguir el agarre o sujeción entre sí. Mientras sucedía todo eso bajo las "condiciones naturales", se moldeaba el mineral de hierro para estructurar los cimientos del edificio del que estamos hablando. Al final del proceso tendremos un edificio completo con todos sus elementos, carpintería e instalaciones íntegras.

Por supuesto, un edificio no consiste solamente de un cimiento, ladrillos y cemento. ¿Cómo se obtienen entonces los materiales faltantes?. La respuesta es simple: todos los tipos de materiales que se necesitan para la construcción de un edificio existen en la tierra sobre la que se levanta el edificio. Silicio para los vidrios, cobre para los cables de la electricidad, hierro para las columnas, las viguetas y los caños, etc., son todos materiales que existen bajo la tierra en cantidades abundantes. Con la sola habilidad de las "condiciones naturales" todo esos elementos tomaron forma y se ubicaron en la parte correspondiente del edificio. Todas las instalaciones, la carpintería y los accesorios, se ubicaron entre los ladrillos o paredes con la ayuda del viento, la lluvia y los terremotos. Todo sucedió tan bien, de modo que al ir juntándose los ladrillos dejaron los espacios necesarios para las ventanas, como si supieran que oportunamente cosas llamadas marco y vidrio se formarían por medio de las condiciones naturales. Tampoco se olvidaron de dejar el espacio correspondiente para las instalaciones de agua y de los sistemas eléctricos y de calefacción, sistemas que también tomaron cuerpo más tarde de manera fortuita. Todo ha marchado tan bien que las "coincidencias" y las "condiciones naturales" produjeron un diseño perfecto.

 
Confesiones de los evolucionistas
La teoría de la evolución no enfrenta ninguna crisis más grande que cuando tiene que explicar la aparición de la vida. La razón es que las moléculas orgánicas son tan complejas que su formación no puede explicarse como algo casual, es decir, resulta manifiestamente imposible que una célula orgánica se haya formado por casualidad.

Los evolucionistas hicieron frente a la cuestión del origen de la vida en el segundo cuarto del siglo XX. Una de las principales autoridades de la teoría de la evolución molecular, el evolucionista ruso Alexander I. Oparin, dijo en su libro "El Origen de la Vida" publicado en 1936: "Desgraciadamente, el origen de la célula permanece como un problema, realmente como el punto más oscuro de toda la teoría de la evolución"(1).

Desde Oparin en adelante los evolucionistas han llevado a cabo incontables experimentos, condujeron investigaciones e hicieron observaciones para demostrar que la célula pudo haberse formado fortuitamente. Sin embargo, todos esos intentos lo único que lograron es confirmar cada día más el diseño complejo de la célula, con lo cual se refutaba más aún la hipótesis de los evolucionistas. El profesor Klaus Dose, presidente del Instituto de Bioquímica en la Universidad de Johannes Gutenberg, dice: "Más de 30 años de experimentos sobre el origen de la vida en los campos de la química y de la evolución molecular han conducido a una mejor percepción de la inmensidad del problema de dicho origen en la Tierra antes que a su solución. Actualmente, todas las discusiones sobre las teorías y experimentos principales en ese campo, finalizan en una dificultad insuperable o en la confesión de ignorancia"(2).

La siguiente manifestación del geoquímico Jeffrey Bada del Instituto Scripps de San Diego, deja en claro la impotencia de los evolucionistas respecto a esta situación sin salida: "Hoy día, mientras dejamos el siglo XX, aún enfrentamos el más grande problema irresuelto que teníamos cuando entrábamos a este siglo: ¿cómo se originó la vida en la Tierra?"(3).



1. Alexander I. Oparin, "Origin of Life", (1936), N. York, Dover Publications, reprinted 1953, p. 196.
2. Klaus Dose, "The Origin of Life: More Questions Than Answers", "Interdisciplinary Science Reviews", vol. 13, N° 14, 1988, p. 348.
3. Jeffrey Bada, "Earth", Feberero de 1998, p. 40.

Si usted es capaz de creer este relato, no tendrá ningún problema en presumir la manera en que pasaron a existir todos los demás elementos de una ciudad, como los sistemas de transporte, las comunicaciones, las infraestructuras, las autopistas, otros edificios y diversos caminos. Si usted posee conocimientos tecnológicos y es versado en la materia, incluso puede escribir un libro sumamente "científico", de varios volúmenes, contando sus teorías acerca del "proceso evolutivo de un sistema de albañal y su isocronismo con las estructuras presentes". También puede ser condecorado con un premio académico por sus brillantes estudios y considerarse un genio que lleva luz a la humanidad.

La teoría de la evolución supone que la vida pasó a existir por casualidad. Es una suposición que en nada es menos absurda que el relato que terminamos de hacer porque, con todos sus sistemas operacionales, de comunicación, transporte y administración, una célula no es menos compleja que una ciudad.
 

EL MILAGRO EN LA CELULA Y EL FIN DE LA TEORIA DE LA EVOLUCION

La estructura compleja de una célula viva era desconocida en la época de Darwin y los evolucionistas pensaban entonces que decir que la vida era el resultado de "coincidencias y condiciones naturales" era suficiente para que la gente crea en sus teorías.

La tecnología del siglo XX ha penetrado en las partículas más pequeñas de la vida y ha revelado que la célula es el sistema más complejo confrontado por la humanidad. Hoy día sabemos que la célula contiene usinas que producen la energía que ha de ser usada por la célula, fábricas que elaboran las enzimas y las hormonas esenciales para la vida, un banco de datos donde se registra toda la información necesaria sobre los productos a fabricarse, complejos sistemas de transporte y tuberías para llevar materias primas y productos de un lugar a otro, laboratorios y refinerías avanzados para triturar o licuar las materias primas que vienen del exterior. Y lo dicho es solamente una pequeña parte de ese increíble sistema complejo.

Una célula es tan compleja que incluso el alto nivel de tecnología obtenido por la humanidad no puede producir una de ellas. Ningún esfuerzo por crear una célula artificial ha tenido éxito. En realidad, muchos intentos en tal sentido han logrado solamente la frustración y fueron abandonados.

La teoría de la evolución pretende que este sistema (el de la célula) --que el género humano no pudo reproducir con toda la inteligencia, conocimiento y tecnología a su disposición-- pasó a existir fortuitamente bajo las condiciones de la Tierra primitiva. Para hacernos una mejor idea de ello, podemos decir que la probabilidad de que una célula se forme de manera casual es tan mínima como la posibilidad de que un libro sea impreso por medio de una explosión que ocurra en una imprenta.

El matemático y astrónomo inglés Sir Fred Hoyle hizo una comparación similar en un reportaje que lo publicó la revista "Nature" del 12/11/1981. Aunque Hoyle es evolucionista, expresó que la posibilidad de que una forma de vida superior haya emergido de esa manera (como lo plantean los evolucionistas) era comparable a la posibilidad de que un tornado que barriese o azotase un depósito de chatarra ensamble un Boeing 747 con el material existente allí(91). Esto significa que no es posible que la célula pase a existir por medio de coincidencias, y por lo tanto, de modo definido, tiene que haber sido "creada".

Una de las razones que no permiten que la teoría de la evolución pueda explicar cómo pasó a existir la célula, es la "complejidad irreductible" de la misma. La célula viva se automantiene con la cooperación armoniosa de muchas organelas. Si solamente una de esas organelas deja de cumplir su función, la célula no puede permanecer viva. La célula no tiene la posibilidad de esperar que mecanismos inconscientes como el de la selección natural o el de la mutación le permitan desarrollarse. Así, la primera célula sobre la Tierra fue necesariamente una célula completa con todos las organelas y funciones requeridas, lo cual significa, definidamente, que dicha célula tenía que haber sido creada.
 

LAS PROTEINAS PONEN EN TELA DE JUICIO LA CASUALIDAD

Lo dicho se refiere a la célula. Pero la evolución no puede explicar ni siquiera los elementos que la "constituyen": no es posible la formación, bajo las condiciones naturales, de una proteína sencilla. Menos aún, por lo tanto, de las miles de moléculas de proteínas complejas que componen la célula.

Las proteínas son moléculas gigantes consistentes de unidades más pequeñas llamadas "aminoácidos", los cuales están dispuestos en una secuencia particular en ciertas cantidades y estructuras. Esas moléculas constituyen los "ladrillos" de una célula viva. La molécula más simple se compone de 50 aminoácidos, pero hay algunas que se componen de miles de aminoácidos.

El punto crucial es: la ausencia, la adición o el reemplazo de un solo aminoácido en la estructura de la proteína provoca que se convierta en un amontonamiento molecular inservible. Cada aminoácido tiene que estar en el lugar correcto y en el orden correcto. La teoría de la evolución, que supone que la vida emergió como resultado de una casualidad, se desespera frente a este orden, dado que es demasiado pasmoso para ser explicado por medio de la casualidad. (Por otra parte, la teoría incluso es incapaz de explicar el supuesto de la "formación coincidente" de los aminoácidos, lo cual discutiremos luego).

El hecho que la estructura funcional de las proteínas no puede acaecer de ninguna manera casualmente, es algo fácilmente observable incluso por el simple cálculo de probabilidad que cualquiera puede comprender.

Una molécula de proteína promedio está compuesta de 288 aminoácidos, de los cuales 12 son de tipos distintos. Esto se puede disponer u ordenar en 10300 modos distintos (Se trata de un número muy grande, consistente de un "uno" seguido de 300 ceros). De todas esas secuencias u órdenes, sólo una forma la molécula de proteína deseada. El resto constituyen cadenas de aminoácidos que, o son inservibles o son potencialmente dañinas para la vida.

En otras palabras, la probabilidad de la formación de solamente una molécula de proteína es de "1 en 10300", o sea, es prácticamente imposible que ocurra la formación de esa proteína casualmente (En matemáticas las probabilidades menores a 1 en 1050 se aceptan como "probabilidad cero").

Por otra parte, una molécula de proteína de 288 aminoácidos es más bien una molécula modesta comparada con algunas gigantes que consisten de miles de aminoácidos. Al aplicar a esas moléculas gigantes de proteínas un cálculo de probabilidades similar, nos encontraremos con que hasta el término "imposible" resulta inadecuado para su producción fortuita.

Al dar un paso más en el desarrollo del esquema de la vida, observamos que una proteína sola no significa nada por sí misma. Una de las bacterias más pequeñas descubierta, "Micoplasma Hominis H 39", contiene 600 "tipos" de proteínas. Si tenemos que repetir el cálculo de probabilidad para cada uno de estos 600 tipos distintos de proteínas, veremos que el resultado agota incluso el concepto de "imposible".

Alguien que esté leyendo esto y que hasta ahora ha aceptado la teoría de la evolución como una explicación científica, puede sospechar que estos números son exagerados y que no reflejan los hechos. No es así: hay hechos definidos y concretos. Ningún evolucionista puede objetar esos números. Los evolucionistas aceptan que la formación por coincidencia de una sola proteína es "tan improbable como la posibilidad de que un mono escriba la historia de la humanidad en una máquina de escribir sin cometer un solo error"(92). Sin embargo, en vez de aceptar la otra explicación, es decir, la Creación, siguen defendiendo esa imposibilidad.

El mismo hecho es confesado por muchos evolucionistas. Por ejemplo, Harold B. Blum, un conocido científico evolucionista dice que "la formación espontánea de un polipétido de la medida de la proteína conocida más pequeña, se la ve más allá de toda probabilidad"(93).

Los evolucionistas pretenden que la evolución molecular tuvo lugar en un período muy largo, período que hizo posible lo imposible. A pesar de eso, por más largo que pueda ser el período, no es posible que los aminoácidos formen las proteínas de manera casual. El geólogo norteamericano William Stokes admite esto en su libro "Lo Esencial de la Historia de la Tierra" al decir que esa probabilidad es tan pequeña "que ella (la proteína) no se produciría durante billones de años en billones de planetas, cada uno de ellos cubierto por una alfombra de solución acuosa concentrada de los aminoácidos necesarios"(94).

Por lo tanto, ¿qué significa todo esto?. El profesor de química Perry Reeves responde: "Cuando uno examina el vasto número de estructuras posibles que podrían resultar de una simple combinación fortuita de aminoácidos en un lago primordial en evaporación, es difícil creer que la vida pudo originarse de esa manera. Es más plausible que un Gran Constructor con un plan maestro fuese requerido para una tarea así"(95).

Si incluso es imposible la formación coincidente de una de esas proteínas, es billones de veces más imposible que un millón de esas proteínas se reúnan apropiadamente de modo casual e integren una célula humana completa. Más aún, una célula no se compone en ningún momento de un simple amontonamiento de proteínas. Además de éstas, una célula incluye también ácidos nucleicos, carbohidratos, lípidos, vitaminas y muchos otros elementos químicos como electrolitos, ordenados en una proporción, armonía y diseño específico en términos de estructura y función. Cada uno de esos componentes funciona como un armazón para la construcción o una co-molécula en distintas organelas.

Robert Shapiro, profesor de química en la Universidad de Nueva York y experto en ADN, calculó la probabilidad de una formación coincidente de 2.000 tipos de proteínas encontradas en una sola bacteria (En una célula humana hay 200 mil tipos de proteínas). El número hallado fue el de 1 en 1040000 (Se trata de un número increíble formado por un uno seguido de 40.000 ceros)(96).

Chandra Wickramasinghe, profesor de astronomía y matemáticas aplicadas de la Universidad College (Cardiff, Gales, Inglaterra) comenta: "La probabilidad de la formación de la vida de manera espontánea a partir de la materia inanimada es de 1/1040.000… (El denominador) es un número suficientemente grande para sepultar a Darwin y a la teoría de la evolución en su conjunto. No existió ningún caldo primitivo, ni en este planeta ni en ningún otro, y si los comienzos de la vida no fueron fortuitos, deben haber sido, por lo tanto, el producto de una inteligencia con un propósito determinado"(97).

Sir Fred Hoyle comenta sobre esos números inverosímiles: "En realidad una teoría así (que la vida fue montada o convocada por una inteligencia) es tan obvia que uno se asombra de porqué no es ampliamente aceptada como algo autoevidente. Las razones son psicológicas antes que científicas"(98).

Hoyle usó el término "psicológicas" porque el autoacondicionamiento de los evolucionistas no acepta que la vida pudo haber sido creada. Esa gente ha determinado el rechazo de la existencia de Dios como su objetivo principal. Sólo por esta razón siguen defendiendo escenarios irrazonables que ellos mismos reconocen que son imposibles.
 

PROTEINAS LEVOGIRAS

Examinemos ahora en detalle porqué es imposible el escenario evolucionista relatado para la formación de las proteínas.

La secuencia correcta de los aminoácidos adecuados no es por sí sola suficiente para la formación de una molécula de proteína. Además, cada uno de los 20 tipos diferentes de aminoácidos presentes en la composición de las proteínas deben ser levógiros. Entre los aminoácidos hay dos tipos distintos: los "levógiros" y los "dextrógiros". La diferencia entre ellos es la simetría especular entre sus estructuras tridimensionales, similar a la mano derecha y a la mano izquierda de una persona.

Los aminoácidos de cualquiera de esos dos tipos pueden unirse fácilmente entre sí. A través de la investigación se ha revelado un hecho asombroso: todas las proteínas en las plantas y en los animales, desde los organismos más simples a los más complejos, están integradas con aminoácidos levógiros. Si aunque más no sea un solo aminoácido dextrógiro se liga a la estructura de la proteína, esta se vuelve inservible. Algo bastante interesante es que en algunos experimentos las bacterias a las que se le agregaron aminoácidos dextrógiros fueron inmediatamente destruidas, excepto en algunos casos en los que a partir de los componentes fracturados formaron aminoácidos levógiros, pudiendo entonces usarlos.

Supongamos por un instante que la vida pasó a existir por casualidad, como suponen los evolucionistas que sucedió. En este caso, los aminoácidos levógiros y dextrógiros generados por casualidad deberían estar presentes en cantidades más o menos iguales en la naturaleza. Por lo tanto todos los seres vivientes deberían tener ambos aminoácidos en su constitución porque químicamente es posible que los aminoácidos de esos dos tipos se combinen entre sí. Pero en la realidad, las proteínas que existen en todos los organismos vivientes están compuestos solamente de aminoácidos levógiros.

La cuestión de cómo las proteínas pueden escoger de entre todos los aminoácidos solamente los levógiros y cómo en el proceso de la vida no se involucra ni siquiera uno dextrógiro, es algo que aún hace frente a los evolucionistas: no tienen ninguna manera de explicar una selección tan consciente y específica.

Además, esta característica de la proteína intensifica la confusión del atolladero de la "coincidencia" de los evolucionistas. Con el objeto de que sea generada una proteína "significativa" no es suficiente la existencia de una cierta cantidad de aminoácidos en una secuencia perfecta y que se combinen con el diseño tridimensional correcto. Además, todos los aminoácidos tienen que ser elegidos de entre los levógiros y no puede existir ni un solo aminoácido dextrógiro entre ellos. No obstante, no hay ningún mecanismo de selección natural que identifique que un aminoácido dextrógiro se ha agregado a la secuencia, que lo reconozca como un error y que por lo tanto indique que debe ser sacado de la cadena. Esta situación elimina, una vez más, y para siempre, la posibilidad de la coincidencia y casualidad.

En la Enciclopedia de Ciencia Británica, que es una franca defensora de la evolución, se indica que los aminoácidos de todos los seres vivos en la Tierra, los "ladrillos" para la construcción de polímeros complejos como las proteínas, tienen la misma asimetría levógira.

Esto es equivalente a que una moneda caiga siempre sobre la misma cara después de arrojarla un millón de veces. En la misma Enciclopedia se dice que no es posible comprender porqué las moléculas se convirtieron en levógiras o dextrógiras y se expresa que dicha elección está relacionada de manera fascinante con la fuente de la vida en la Tierra(99).

Si una moneda siempre presenta la misma cara cuando se la arroja un millón de veces, ¿es más lógico atribuir eso a una casualidad o aceptar que hay una intervención consciente? La respuesta debería ser obvia. Sin embargo, a pesar de esa aparente obviedad, los evolucionistas se refugian en lo fortuito o casual simplemente porque no quieren aceptar la existencia de la "intervención consciente".

Una situación similar a la de los aminoácidos y el carácter levógiro sucede con los nucleótidos, las unidades más pequeñas de ADN y ARN. A diferencia de los aminoácidos en los organismos vivos, en los nucleótidos sólo son elegidas las formas dextrógiras. Esa es otra situación que nunca se puede explicar por medio de la casualidad.

Como conclusión, está definidamente probado por las probabilidades que estuvimos examinando hasta ahora, que la fuente de la vida no se puede explicar a través de la casualidad. Si intentamos calcular la probabilidad de que una proteína promedio compuesta de 400 aminoácidos seleccione a éstos solamente de entre los levógiros, nos encontramos con una relación 1/2400, es decir, 1/10120. Con el objeto de hacer una comparación, recordemos que el número de electrones en el universo se estima en 1079, un número mucho más pequeño que el (denominador) anterior. La probabilidad de que esos aminoácidos formen la secuencia y la forma funcional requerida, debería dar lugar a números muchos más grandes. Si unimos estas probabilidades y expandimos el tema a la formación de un número y un tipo de proteínas más grandes, los cálculos se vuelven inimaginables.
 

LA UNION CORRECTA ES VITAL

Todo lo dicho antes, de cualquier modo, no pone fin a las dificultades de la evolución. No es suficiente que los aminoácidos estén ordenados según las cantidades, secuencias y estructuras tridimensionales necesarias correctas. La formación de una proteína también requiere que las moléculas de aminoácidos con más de un brazo se vinculen con otra solamente por medio de ciertos brazos. Tal vinculación se denomina "unión peptídica". Los aminoácidos pueden vincularse entre sí de modos distintos, pero las proteínas están compuesta sola y únicamente de esos aminoácidos reunidos por uniones "peptidas".

Una comparación aclarará este punto. Supongamos que todas las partes de un auto fueron colocadas correctamente, con la única excepción que una de las ruedas no fue asegurada con las tuercas y tornillos correspondientes sino con un pedazo de alambre y de modo tal que la parte exterior de la llanta queda paralela al suelo. El auto no podrá moverse ni un metro, independientemente de la tecnología compleja o el motor poderoso de que disponga. En una primera observación, todo parece estar en su lugar, pero la colocación incorrecta de una de las ruedas se traduce en la ineptitud o nulidad del auto como tal. De la misma manera, la unión de aunque más no sea un aminoácido con otro por medio de una vinculación distinta a la peptídica en una molécula de proteína, vuelve a toda la molécula inútil, inservible.

Los investigadores han puesto de manifiesto que la combinación fortuita de los aminoácidos se da con una unión peptídica solamente en una proporción del 50%, en tanto que el resto lo hace con uniones distintas que no están presentes en las proteínas. Para funcionar apropiadamente, cada aminoácido que compone una proteína debe unirse solamente con una unión peptídica, de la misma manera que los aminoácidos tienen que ser elegidos solamente de entre los levógiros. Es decir, cuando consideramos una proteína integrada por 400 aminoácidos, la probabilidad de que todos los aminoácidos se combinen entre sí solamente con enlaces peptídicos, es de 1/2399.
 

PROBABILIDAD CERO

Como se puede ver en el recuadro al fin de este capítulo, la probabilidad de la formación de una molécula de proteína compuesta de 500 aminoácidos es de 1 sobre un número formado por otro 1 seguido de 950 ceros, algo difícil de concebir para la mente humana. Se puede hablar solamente de probabilidad, porque en la práctica la misma tiene una posibilidad "cero" de concretarse.

Una probabilidad de "1 sobre 10950" está más allá de los límites de la definición.

Mientras la improbabilidad de la formación de una molécula de proteína compuesta de 500 aminoácidos alcanza tal grado, podemos expandir más los límites de la mente con niveles más elevados de improbabilidad. En la molécula "hemoglobina", que es una proteína vital, hay 574 aminoácidos, es decir, un número más grande que el que conforma la proteína mencionada antes. Si consideramos que solamente en uno de los billones de glóbulos rojos del cuerpo humano hay 280 millones de moléculas de Hemoglobina, no es suficiente la supuesta edad de la Tierra para producir la formación, aunque más no sea, de una simple proteína por medio del método de "prueba y error", sin hablar ya de un glóbulo rojo. Incluso si suponemos que los aminoácidos se han combinado y descompuesto por el método de "prueba y error" sin perder ningún momento, desde la formación del mundo, para la formación de una sola proteína, así y todo el período de tiempo requerido es mayor que la edad actual del mundo, es decir, no alcanza para cubrir la probabilidad de 1/10950.

La conclusión derivada de todo esto es que el criterio de la evolución cae en un profundo abismo de improbabilidad precisamente en el estadio de formación de una proteína aislada.
 

¿EXISTE EN LA NATURALEZA UN MECANISMO DE PRUEBA Y ERROR?

Concluimos por último con un punto muy importante en relación con la lógica fundamental del cálculo de probabilidades, del cual dimos algunos ejemplos. Indicábamos que dichos cálculos llegaban a límites astronómicos y que las posibilidades que de ahí se derivan son prácticamente imposibles que se concreten. Sin embargo, para los evolucionistas hay un aspecto mucho más importante y caótico: bajo las condiciones naturales esas probabilidades ni siquiera pueden iniciar, de ninguna manera, un período de prueba y error, porque en la naturaleza no existe ningún mecanismo de prueba y error que pueda producir proteínas.

Los cálculos que hicimos antes para indicar la probabilidad de la formación de una molécula de proteína con 500 aminoácidos son válidos solamente de manera hipotética, en un medio ambiente ideal de "prueba y error", medio ambiente que no existe en la vida real. Es decir, esa probabilidad de 1/10950 para obtener una proteína útil, es válida solamente si suponemos que existe un mecanismo imaginario operado por una mano invisible que reúne 500 aminoácidos al azar y luego, si se ve que ese conjunto no funciona, los separa uno por uno y vuelve a probar según un nuevo ordenamiento. Si después de reunir cada vez 500 aminoácidos (reiteradamente), sin ningún agregado extra, la proteína aún no se ha formado, habría que seguir probando con otras secuencias, sucesivamente, cuidando siempre que no se involucre en el proceso ningún material extraño. También es imperativo que la cadena que se forma durante la prueba no se corte o destruya antes de llegar a su unión 499. Estas condiciones significan que las probabilidades mencionadas antes solamente pueden tener lugar en un medio ambiente controlado donde exista un mecanismo consciente dirigiendo el inicio y la finalización de cada etapa del proceso y donde solamente la "selección de los aminoácidos" es dejada a la casualidad. Sin duda es imposible que exista un medio ambiente así bajo las condiciones naturales. Por lo tanto, la formación de una proteína por sí misma en el medio ambiente natural, es lógica y técnicamente imposible, independientemente de la faceta de "posibilidad". En realidad, hablar de probabilidades de un suceso así, es totalmente no científico.
 

Probabilidad cero

Hay tres condiciones básicas para la formación de una proteína útil.

Primera condición : Que todos los aminoácidos en la cadena de proteína sean del tipo correcto, en la secuencia correcta.

Segunda condición : Que todos los aminoácidos sean levógiros.

Tercera condición : Que todos esos aminoácidos se combinen con un vínculo muy especial llamado "unión peptídica ".

Con el objeto de que una proteína se forme por casualidad, deben existir simultáneamente las tres condiciones básicas mencionadas. La probabilidad de la formación de una proteína de forma casual es igual al producto de las probabilidades de que se lleve a cabo cada una de esas condiciones.

Veamos un ejemplo considerando una molécula promedio que contiene 500 aminoácidos.

1. Probabilidad de que los aminoácidos estén en la secuencia correcta.
En la composición de la proteína se usan 20 aminoácidos. De acuerdo a esto tenemos:
a) La probabilidad de que cada aminoácido sea elegido correctamente entre esos 20 tipos distintos.
b) La probabilidad de que los 500 aminoácidos sean elegidos correctamente.

2. Probabilidad de que los aminoácidos sean levógiros.
De acuerdo a esto tenemos:
a) La probabilidad de que solamente un aminoácido sea levógiro.
b) La probabilidad de que los 500 aminoácidos sean simultáneamente levógiros.

3. Probabilidad de que los aminoácidos se combinen con una "unión peptídica ".
Los aminoácidos pueden combinarse entre sí con distintos tipos de uniones químicas. Para que se forme una proteína útil todos los aminoácidos en la cadena deben haberse combinado con una unión química especial llamada "unión peptídica ". Se calcula que la probabilidad de que los aminoácidos se combinen únicamente con una unión peptídica es del 50%.

En relación con esto tenemos:
a) La probabilidad de que dos aminoácidos se combinen con una "unión peptídica ".
b) La probabilidad de que los 500 aminoácidos se combinen con uniones peptídicas.

Probabilidad del punto 1:
a) 1/20
b) 1/20500 = 1/10650 (Es decir, una probabilidad entre 10650 opciones).

Probabilidad del punto 2.
a) 1/2
b) 1/2500 = 1/10150 (Es decir, una probabilidad entre 10150 opciones).

Probabilidad del punto 3.
a) 1/2
b) 1/2499 = 1/10150 (Es decir, una probabilidad entre 10150 opciones).
 

PROBABILIDAD TOTAL = Prob. 1 x Prob. 2 x Prob. 3 = 1/10650 x 1/10150 x 1/10150 = 1/10950

10950 =

100.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.
000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.
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Algunos evolucionistas no doctos no comprenden esto. Dado que asumen que la formación de la proteína es una simple reacción química, hacen deducciones cómicas tales como "los aminoácidos se combinan por la vía de la reacción y luego forman proteínas". Sin embargo, las reacciones químicas accidentales que tienen lugar en una estructura inorgánica pueden producir solamente cambios simples y primitivos. El número de éstos son limitados y determinados. Para producir algo más ya tienen que comprometerse o incluirse en el proceso más materiales químicos, plantas químicas, laboratorios y grandes fábricas. Las medicinas y muchos otros productos químicos que usamos en la vida diariamente, son del mismo tipo. Las proteínas tienen estructuras mucho más complejas que esos productos obtenidos por medio de la industrialización. Por lo tanto es imposible que las proteínas --cada una de las cuales es un diseño y obra de ingeniería maravillosa en la cual cada parte encaja en su lugar con un cierto orden-- se originen como resultado de fortuitas reacciones químicas.

Dejemos a un lado por un minuto todas las imposibilidades descritas hasta ahora y supongamos que una molécula de proteína útil se ha producido por evolución, a pesar de todo, "azarosamente". No obstante, los evolucionistas no resolvieron nada con esto porque con el objeto de que esa proteína mantenga su presencia necesitaría aislarse del medio circundante en que está y protegerse bajo condiciones muy especiales.

De no ser así, dicha proteína se desintegraría al exponerse a las condiciones naturales de la Tierra, o también se uniría a otros ácidos, aminoácidos o compuestos químicos, perdiendo sus propiedades y convirtiéndose en una substancia totalmente distinta e inservible.
 

LA ALHARACA HECHA POR LOS EVOLUCIONISTAS EN SU BUSQUEDA DE RESPUESTAS A LA GENERACION DE LA VIDA

La cuestión de "cómo aparecieron por primera vez los seres vivientes" es un atolladero tan crítico para los evolucionistas que generalmente ni siquiera intentan tratar el tema de manera fugaz. Buscan pasarlo por alto diciendo: "las primeras criaturas iniciaron su existencia como resultado de algunos sucesos fortuitos en el agua". Están frente a un obstáculo que por ningún medio pueden evitar. A pesar de los argumentos paleontológicos sobre la evolución, en el tema del que nos ocupamos ahora no tienen ningún fósil disponible para distorsionar y malinterpretar las cosas como desean, con el objeto de sostener sus aseveraciones. Por lo tanto la teoría de la evolución es refutada definidamente desde el inicio.

Hay un punto importante a tener en consideración: si se prueba como imposible algún paso del proceso evolucionista, ello es suficiente para evidenciar que la teoría en su conjunto es totalmente falsa e inválida. Por ejemplo, si se prueba que la formación azarosa de las proteínas es imposible, todas las otras pretensiones consideradas en los pasos sucesivos de la evolución también quedan refutados. Después de esta etapa se vuelve sin sentido tomar los cráneos de un mono y de un ser humano y realizar especulaciones acerca de ellos.

La forma en que los organismos vivientes pasaron a existir a partir de elementos inorgánicos, es algo que los evolucionistas no quisieron ni mencionarlo durante mucho tiempo. Sin embargo, esta cuestión que ha sido evitada constantemente pasó a ser un problema inevitable y entonces se ensayaron soluciones mediante una serie de estudios en el segundo cuarto del siglo XX.

La pregunta principal era: ¿Cómo apareció la primera célula viva en la atmósfera primitiva de la Tierra? En otras palabras, ¿qué tipo de explicación podrían dar a este problema los evolucionistas?

La respuesta se buscó a través de experimentos. Los científicos e investigadores evolucionistas llevaron a cabo experimentos de laboratorio dirigidos a responder esas preguntas, pero no crearon mucho interés. El estudio más estimado sobre el origen de la vida resulta el llamado Experimento Miller dirigido por el investigador norteamericano Stanley Miller en 1953. (También se lo conoce como "Experimento Urey-Miller" debido a la contribución de Harold Urey, maestro de Miller en la Universidad de Chicago).

Dicho experimento es la única pretendida "evidencia", usada para probar la "tesis de la evolución molecular" y presentada para señalar la primera etapa del período evolutivo. A pesar de haber pasado cerca de medio siglo y de haberse alcanzado grandes desarrollos tecnológicos, nadie ha dado un paso más en la materia. Con todo, el Experimento Miller es aún incluido en los libros de texto como la explicación de la evolución de la primera generación de algo viviente. Al ser conscientes los evolucionistas que esos estudios en vez de respaldar sus tesis las refutan, deliberadamente evitaron efectuarlos.
 

EL EXPERIMENTO MILLER

El objetivo de Stanley Miller era presentar un descubrimiento experimental que indicara que los aminoácidos, los "ladrillos" que forman las proteínas, pudieron haber pasado a existir casualmente en la Tierra sin vida hace billones de años.

Miller usó en el experimento una mezcla de gases, que asumió habían existido en la atmósfera primordial (cosa que después se demostró irreal), compuesta de amoníaco, metano, hidrógeno y vapor de agua. Dado que estos gases no reaccionarían entre sí bajo las condiciones naturales, agregó en ese medio ambiente creado por él una energía que estimulase el inicio de dicha reacción. Al suponer que dicha energía pudo provenir de destellos luminosos, usó una descarga eléctrica artificial como substituto.

Hirvió esa mezcla de gases a 100°C durante una semana y además le introdujo una corriente eléctrica. Al finalizar la semana analizó los elementos químicos que se formaron en el fondo de la probeta y observó que se habían sintetizado 3 de los 20 aminoácidos que constituyen los elementos básicos de las proteínas.

El experimento provocó una gran excitación entre los evolucionistas y fue promovido como un éxito descollante. Además, en un estado de euforia intoxicante, distintas publicaciones pusieron títulos como "Miller crea vida". Sin embargo, las moléculas que Miller había conseguido sintetizar eran solamente algunas moléculas "orgánicas".

Animados por el experimento los evolucionistas produjeron de inmediato nuevos escenarios. Se hicieron hipótesis apresuradas sobre la formación de otros aminoácidos. Se supuso que los mismos se habrían unido posteriormente en las secuencias apropiadas de forma accidental para dar lugar a las proteínas. Se supuso que algunas de esas proteínas formadas por casualidad se autoubicaron dentro de estructuras que hacían de membranas, estructuras que pasaron a existir "de alguna manera", con lo que se formó una célula primitiva. Se supuso que con el tiempo las células se unieron y formaron organismos vivientes. De todos modos, el experimento de Miller no fue otra cosa que una artimaña, la cual se ha demostrado desde entonces falsa en muchos aspectos.
 

EL EXPERIMENTO MILLER RESULTO SER SOLAMENTE UNA FICCION

El Experimento Miller buscaba probar que los aminoácidos podían formarse por sí mismos bajo las condiciones primordiales terrestres, cosa que resulta incoherente con una serie de puntos.

1. Al usar Miller un mecanismo llamado "trampa de frío", aisló los aminoácidos del entorno apenas se formaron. Si no hubiese hecho eso, las condiciones del medio ambiente habrían destruido inmediatamente esas moléculas.

Sin duda, este tipo de mecanismo de aislamiento consciente no existía bajo las condiciones de la Tierra primitiva. Sin ese mecanismo, aunque se hubiese obtenido un aminoácido, se habría extinguido sin tardanza. El químico Richard Bliss expresa esta incoherencia así: "En realidad, sin esta trampa de frío, los productos químicos habrían sido destruidos por la fuente eléctrica"(101).

Realmente Miller, en sus experimentos anteriores, no pudo formar ni un solo aminoácido valiéndose de los mismos elementos pero sin la trampa de frío.

2. La atmósfera primitiva que Miller intentó simular en su experimento no era realista. En la década de 1980 los científicos estuvieron de acuerdo que en ese medio ambiente (el del experimento) deberían haberse colocado nitrógeno y dióxido de carbono en vez de metano y amoníaco. Después de un largo silencio el propio Miller confesó que la atmósfera que usó en su experimento no se ajustaba a la realidad. (101).

Entonces, ¿por qué insistió Miller en los gases usados? La respuesta es simple: sin amoníaco era imposible sintetizar un aminoácido. Kevin Mc Kean nos cuenta esto en un artículo publicado en la revista "Discover": "Miller y Urey imitaron la atmósfera antigua de la Tierra con una mezcla de metano y amoníaco. Según ellos, la Tierra era una auténtica mezcla homogénea de metales, rocas y hielo. Sin embargo, en los últimos estudios se comprendió que la Tierra era muy caliente en esos tiempos y que se componía de níquel y hierro fundido. Por lo tanto la atmósfera química de entonces habría estado formada principalmente de nitrógeno (N2), dióxido de carbono (CO2) y vapor de agua (H2O). de todos modos, éstos no son tan apropiados como el metano y el amoníaco para la formación de moléculas orgánicas"(102).

Los científicos norteamericanos J. P. Ferris y C. T. Chen repitieron el experimento de Miller en un medio ambiente que contenía dióxido de carbono, hidrógeno, nitrógeno y vapor de agua, y fueron incapaces de obtener aunque más no sea una sola molécula de aminoácido(103).

3. Otro punto importante que invalida el experimento de Miller es que había suficiente oxígeno para destruir todos los aminoácidos en la atmósfera en el momento que se pensaba se formaban. Este hecho, pasado por alto por Miller, se revela por los rastros de hierro oxidado y uranio encontrados en las rocas, a las que se estima una edad de 3,5 billones de años(104).

Otros descubrimientos indican que la cantidad de oxígeno en ese estadio era mucho más elevada que los supuesto originalmente por los evolucionistas. Los estudios también enseñan que en ese momento la cantidad de radiación ultravioleta a la que estaba expuesta la Tierra era 10 mil veces mayor que la considerada por los evolucionistas. Esa intensa radiación ultravioleta inevitable habría liberado oxígeno por medio de la descomposición del vapor de agua y el dióxido de carbono existentes en la atmósfera.

Esta situación anula completamente el experimento de Miller, en el cual el oxígeno fue totalmente desconocido. Si se hubiese usado oxígeno en el experimento, el metano se habría descompuesto en dióxido de carbono y agua, y el amoníaco se habría descompuesto en nitrógeno y agua. Por otra parte, en un medio ambiente donde no existe oxígeno, tampoco debería haber existido un estrato de ozono y por lo tanto los aminoácidos se habrían destruido de inmediato dado que hubiesen estado expuestos a rayos ultravioletas muy intensos. En otras palabras, con o sin oxígeno en el mundo primordial, el resultado habría sido un medio ambiente destructor de los aminoácidos.

4. Al finalizar el experimento de Miller se habían formado muchos ácidos orgánicos con características nocivas para la estructura o función de los organismos vivientes. Si los aminoácidos no hubiesen sido aislados y se los hubiese dejado en el mismo medio ambiente con esos elementos químicos, habría resultado inevitable su destrucción o transformación en distintos compuestos a través de las reacciones químicas.

Además, un gran número de dextrógiros se forman al final del experimento(105), los cuales refutan la teoría incluso en el marco de su propio razonamiento, porque esos aminoácidos son los que resultan incapaces de funcionar en la composición de organismos vivientes. Para concluir, las circunstancias en que se formaron los aminoácidos en el experimento de Miller no eran las apropiadas para la vida. En realidad, ese medio tomó la forma de una mezcla ácida destruyendo y oxidando las moléculas útiles obtenidas.

Hay una realidad concreta que señalan todos estos hechos: el experimento de Miller no puede suponer haber demostrado que los organismos vivos se formaron por casualidad bajo las condiciones primitivas de la Tierra. El experimento en su conjunto no es más que un experimento controlado de laboratorio y con un fin determinado, es decir, sintetizar aminoácidos. La cantidad y tipos de gases usados en el experimento fueron determinados de manera ideal para posibilitar la formación de los aminoácidos. La energía provista al sistema tampoco fue una cantidad cualquiera sino una establecida con precisión para posibilitar que ocurran las reacciones necesarias. Los instrumentos del experimento fueron aislados para no permitir que se escurra allí algún elemento perjudicial, dañino o de cualquier otro tipo que obstruya la formación de los aminoácidos que probablemente estuvieron presentes en las condiciones primitivas del planeta. En el experimento no fue incluido ningún elemento, minerales o mixturas que sí existían en aquella época, los cuales posiblemente modificarían el curso de las reacciones. El oxígeno, que habría evitado la formación de los aminoácidos debido a la oxidación, es solamente uno de esos elementos destructores. Incluso bajo las condiciones ideales de laboratorio era imposible que los aminoácidos mantuvieran su existencia y evitaran la destrucción sin la intervención del mecanismo de la trampa de frío.

En verdad, con este experimento los evolucionistas se autorrefutan porque, si demuestra algo, es que los aminoácidos se pueden producir solamente en el medio ambiente controlado de un laboratorio, donde todas las condiciones están diseñadas específicamente a través de la intervención consciente.

La razón por la que los evolucionistas no aceptan esta realidad evidente es su ciega adhesión a prejuicios totalmente no científicos. Algo bastante interesante es lo confesado por Harold Urey, quien organizó el experimento con su alumno Stanley Miller: "Todos los que estudiamos el origen de la vida encontramos que cuanto más examinamos tanto más percibimos que es demasiado compleja para haberse producido por evolución en cualquier parte. Creemos, como un artículo de fe, que la vida se desarrolló a partir de la materia inerte existente en este planeta. (Pero) su complejidad, precisamente, es demasiado grande para imaginarnos cómo se produjo"(106).
 

Las más modernas fuentes evolucionistas impugnan el Experimento de Miller

Hoy día el Experimento de Miller es un tema totalmente desatendido, incluso entre los científicos evolucionistas. La conocida revista de ciencia evolucionista "Earth" de febrero de 1998 expresa en un artículo titulado "El Crisol de la Vida": "Los geólogos piensan ahora que la atmósfera primordial consistía principalmente de dióxido de carbono y nitrógeno, gases menos reactivos que los usados en el experimento de 1953. Aunque haya podido existir la atmósfera de Miller, ¿cómo se hacen pasar por los cambios químicos necesarios a moléculas simples como los aminoácidos, de modo que se conviertan en compuestos más complicados, o en polímeros, como las proteínas? El propio Miller renunció a seguir con esa parte del rompecabezas. "Es un problema", suspiró exasperado. Y agregó: "¿Cómo se forman los polímeros? Eso no es tan fácil"(1).

Como vimos, el propio Miller aceptó que hoy día su experimento no conduce a alguna conclusión en términos de brindar una explicación al origen de la vida. El hecho de que nuestros científicos evolucionistas abracen fervientemente esa experiencia indica solamente la aflicción de la evolución y la desesperación de sus defensores.

En el número de marzo de 1998 de "National Geographic", en un artículo titulado "La Aparición de la Vida Sobre la Tierra", se dice sobre el tópico: "Muchos científicos sospechan ahora que la atmósfera primitiva era distinta a la supuesta primero por Miller. Piensan que consistía de dióxido de carbono y nitrógeno más que de hidrógeno, metano y amoníaco.

Esta es una mala noticia para los químicos. Cuando experimentan la reacción entre el dióxido de carbono y el nitrógeno obtienen una cantidad miserable de moléculas orgánicas, el equivalente de disolver una gota de sustancia colorante en una piscina de agua. Los científicos encuentran difícil imaginar que la vida emerge de un caldo tan diluido"(2).

En resumen, ni el experimento de Miller ni otros ensayos evolucionistas pueden responder a la pregunta de cómo apareció la vida sobre la Tierra. Todas las investigaciones hechas hasta el presente indican que es imposible que la vida emerja por casualidad, con lo que se confirma que es creada.



1. "Earth", "Life's Crucible", Febrero 1998, p. 34.
2. "National Geographic", "The Rise of Life on Earth", Marzo 1998, p. 68.

LA ATMOSFERA DEL MUNDO PRIMORDIAL Y LAS PROTEINAS

A pesar de todas las incoherencias citadas antes, los evolucionistas aún se refieren al experimento de Miller para evitar hablar de cómo se formaron los aminoácidos por sí mismos en la atmósfera primordial del mundo. Incluso hoy día continúan engañando a las personas, pretendiendo que el problema quedó resuelto por medio de ese experimento falaz.

Sin embargo, para explicar la segunda etapa del origen de la vida, los evolucionistas enfrentaron un problema incomparablemente más grande que el de la formación de los aminoácidos: las proteínas, es decir, los "ladrillos" que edifican la vida, compuestas de cientos de aminoácidos diferentes, uniéndose entre sí con un orden dado.

Suponer que las proteínas se formaron por casualidad bajo las condiciones naturales es mucho más irreal e irrazonable que pretender que los aminoácidos se formaron de modo azaroso. En las páginas anteriores hemos estudiado la imposibilidad, según el cálculo de probabilidad, de la unión casual de los aminoácidos en la secuencia apropiada para formar las proteínas. Ahora examinaremos la imposibilidad de que se produzcan las proteínas bajo las condiciones primordiales de la Tierra.
 

NO ES POSIBLE LA SINTESIS DE LA PROTEINA EN EL AGUA

Los aminoácidos al combinarse para formar proteínas componen una unión o ligazón especial entre ellos llamada "unión peptídica ". Durante la formación del enlace peptídico se libera una molécula de agua.

Este hecho impugna definidamente la explicación evolucionista de que la vida primordial se originó en el agua porque de acuerdo al Principio de Le Châtelier no es posible químicamente que una reacción que libere agua (reacción de condensación) tenga lugar en un medio ambiente acuoso. Se dice que la posibilidad de que ello ocurra es la menor entre todas las reacciones químicas.

De aquí que los océanos, supuestamente los lugares donde comenzó la vida y se originaron los aminoácidos, definidamente no sean ambientes apropiados para que estos últimos formen proteínas. Por otra parte, sería irracional que los evolucionistas cambien la forma de pensar y sostengan que la vida comenzó en la tierra, porque el único medio ambiente en donde los aminoácidos podrían haber estado protegidos de los rayos ultravioletas es el mar y los océanos. El Principio de Le Châtelier refuta el supuesto de la formación de la vida en el mar. Este es otro dilema que confronta la evolución.
 

OTRO ESFUERZO DESESPERADO: EL EXPERIMENTO DE FOX

Desafiados por el dilema anterior, los evolucionistas empezaron a inventar escenarios irreales sobre este "problema del agua" que rebatía absolutamente sus teorías. Sydney Fox fue uno de los más conocidos entre esos investigadores. Para resolver ese problema presentó una teoría según la cual los primeros aminoácidos deben haber sido arrastrados a algunos acantilados o zonas escarpadas cerca de un volcán, inmediatamente después de formarse en el océano primitivo. El agua contenida en la mezcla que incluía los aminoácidos debe haberse evaporado cuando aumentó la temperatura por sobre el punto de ebullición. De esa manera los aminoácidos, que quedaron "secos", pudieron haberse combinado para formar las proteínas.

Sin embargo, este "complicado" subterfugio no fue tenido en cuenta por mucha gente porque los aminoácidos no podían soportar temperaturas tan elevadas, como lo verificaron los investigadores.

Pero Fox no cedió y combinó los aminoácidos purificados obtenidos en el laboratorio, "bajo condiciones muy especiales", calentándolos en un medio ambiente seco. Los aminoácidos se combinaron pero, así y todo, no se obtuvo ninguna proteína. Lo único que consiguió realmente fue anillos desordenados y simples de aminoácidos, combinados arbitrariamente. Y esos anillos estaban lejos de asemejarse a una proteína viva. Además, si Fox habría mantenido los aminoácidos a una temperatura estable, entonces esos anillos inservibles también se habrían desintegrado(107).

Otro punto que anuló el experimento fue que Fox no usó los productos finales inservibles obtenidos en el experimento de Miller sino aminoácidos puros de organismos vivos. De todos modos, este experimento, hecho con la intención de que sea la continuación del de Miller, tuvo que echar mano a los resultados obtenidos por Miller. No obstante, ni Fox ni ningún otro investigador usó los aminoácidos inservibles producidos por Miller(108).
 

La materia inanimada no puede generar vida

Una serie de experimentos evolucionistas, como el Experimento de Miller y el Experimento de Fox, han sido inventados para probar el supuesto de que la materia inanimada puede organizarse por sí misma y generar una existencia viva compleja. Esta es una convicción absolutamente no científica: todas las observaciones y ensayos han comprobado de manera incontrovertible que la materia no tiene esa capacidad. El conocido astrónomo y matemático inglés Sir Frederick Hoyle advierte que la materia no puede generar vida por sí misma, sin una interferencia deliberada: "Si hubo un principio básico de la materia que de alguna manera condujo a los sistemas orgánicos hacia la vida, su existencia debería ser fácilmente demostrable en el laboratorio. Por ejemplo, uno podría tomar una bañera donde preparar el caldo primitivo. Llenarla con cualquiera de los elementos químicos de naturaleza no biológica que le plazca. Después se puede bombear los distintos gases que más le guste sobre esos elementos químicos, o a través de ellos, e irradiar todo con el tipo de radiación que se le ocurra. Dejemos a continuación que el experimento prosiga durante un año y veamos después cuántas de las 2 mil enzimas (proteínas producidas por células vivas) han aparecido allí. Yo le daré la respuesta así ahorra el tiempo, los problemas y los gastos para hacer el experimento. No encontrará nada en absoluto, excepto, posiblemente, un sedimento aglutinado compuesto de aminoácidos y otros elementos químicos orgánicos simples"(1).

El biólogo evolucionista Andrew Scott admite el mismo hecho: "Tome alguna sustancia, caliéntela mientras la agita y espere. Esta es la versión moderna del Génesis. Se presume que las fuerzas "fundamentales" de la gravedad, el electromagnetismo y las fuerzas nucleares livianas y pesadas, han hecho el resto… Pero, ¿cuánto de este bonito cuento está establecido firmemente y cuánto forma parte de una especulación esperanzada? En verdad, el mecanismo de casi todo peldaño principal, desde los precursores químicos hasta las primeras células reconocibles, es materia de controversia o de completo aturdimiento"(2).



1. Fred Hoyle, "The Intelligent Universe", N. York, Holt, Rinehard and Winston, 1983, p. 256. 
2. Andrew Scott, "Update on Genesis", "New Scientist", vol. 106, Mayo 1985, p. 30.

El experimento de Fox no fue recibido positivamente ni siquiera en los círculos evolucionistas porque estaba claro que las cadenas de aminoácidos inservibles (proteinoides) que obtuvo no podían formarse bajo condiciones naturales. Con todo, las proteínas --unidades básicas de la vida-- no pudieron ser producidas. El problema del origen de las proteínas seguía quedando en pie. En un artículo del decenio de 1970 en la revista de ciencia popular "Chemical Engineering News" se mencionó de la siguiente manera el experimento de Fox: "Sidney Fox y otros investigadores procuraron unir los aminoácidos en la forma de 'proteinoides' usando técnicas de calentamiento muy especiales bajo condiciones que en realidad eran totalmente inexistentes en las etapas primitivas de la Tierra. Además, (esos aminoácidos) no son para nada similares a las proteínas regulares presentes en los organismos vivos. No se trata sino de manchas irregulares, inservibles. Se ha expresado que incluso si ese tipo de moléculas se hubiese producido en las primeras épocas de la Tierra, habrían sido destruidas definidamente"(109).

En realidad, las proteínas que había obtenido Fox eran totalmente distintas de las proteínas reales tanto en su estructura como en su función.  La diferencia entre las proteínas y los "proteinoides" eran tan grande como la diferencia entre un artefacto de elevada tecnología y un montón de materias primas sin procesar.

Además, no hay ninguna posibilidad para que esas cadenas irregulares de aminoácidos sobrevivan en la atmósfera primordial. Los efectos destructores y dañinos, físicos y químicos, causados por la fuerte exposición ultravioleta y las condiciones naturales inestables, harían que los proteinoides se desintegren. Debido al Principio de Le Châtelier, también resultaba imposible para los aminoácidos combinarse bajo el agua, donde los rayos ultravioletas no los alcanzarían. En vista de esto, la idea de que los proteinoides fueron la base de la vida perdió apoyo eventualmente entre los científicos.
 

LA MOLECULA MILAGROSA: EL ADN

Hasta ahora nuestro examen a nivel molecular ha señalado que la formación de los aminoácidos no ha sido esclarecida en lo más mínimo por los evolucionistas. La formación de las proteínas es un misterio, pero el problema no se limita a ellas ni a los aminoácidos: resulta solamente el inicio. La perfecta estructura de la célula lleva a los evolucionistas a otro atolladero. La razón está en que la célula, precisamente, no es una cantidad de proteínas estructuradas por aminoácidos. Es un mecanismo vivo que posee cientos de sistemas desarrollados y es tan compleja que el hombre se ha mostrado incapaz de resolver su misterio. Los evolucionistas no pueden explicar esos sistemas complejos como así tampoco la formación de las unidades básicas de la célula.

En tanto la teoría de la evolución ha sido incapaz de proveer una explicación coherente a la existencia de las moléculas que son la base de la estructura celular, desarrollos habidos en la ciencia genética y el descubrimiento de ácidos nucleicos (ADN y ARN) han producido problemas enteramente nuevos para la teoría de la evolución. El trabajo de los científicos James Watson y Francis Crick sobre el ADN abrieron una nueva era en la biología en 1955. Muchos científicos dirigieron su atención a la ciencia de la genética. Hoy día, después de años de investigación, se ha revelado en gran medida la estructura del ADN.

La molécula llamada ADN que se encuentra en el núcleo de cada una de las 100 millones de células del cuerpo humano, contiene el plan de construcción completo de la misma. La información respecto a las características de la persona, la apariencia física y hasta la estructura de los órganos internos, están registrados en el ADN por medio de un sistema de código especial. La información en el ADN está codificada dentro de la secuencia de cuatro bases especiales que componen esta molécula. Esas bases están especificadas como A, T, G, C, de acuerdo a las letras iniciales de sus nombres. Todas las diferencias estructurales entre las personas dependen de las variaciones en las secuencias de estas letras. Se trata de un tipo de banco de datos compuesto de cuatro letras.

El orden secuencial de las letras en el ADN determina la estructura del ser humano hasta sus más leves detalles. Además de los rasgos como el peso, los ojos, el color de la piel y del cabello, el ADN de una sola célula contiene también el diseño de 206 huesos, 600 músculos, una red de 2 millones de nervios ópticos, 100 billones de células nerviosas, 130 billones de metros de vena y 100 trillones de células en el cuerpo. Si fuésemos a poner por escrito la información codificada en el ADN, tendríamos que compilar una biblioteca gigante consistente de 900 volúmenes enciclopédicos de 500 páginas cada uno. Este increíble volumen de información se encuentra codificado en los componentes del ADN llamados "genes".
 

¿PUEDE EL ADN PASAR A EXISTIR POR CASUALIDAD?

En este punto hay un detalle importante que merece atención. Un error en la secuencia de los nucleótidos que componen un gen convertiría al mismo en completamente inútil. Cuando se considera que en el cuerpo humano hay 200 mil genes, se hace más evidente lo imposible que es que los millones de nucleótidos que integran esos genes se formen por casualidad en la secuencia correcta. Un biólogo evolucionista, Frank Salisbury, comenta esa imposibilidad al decir: "Una proteína media incluye unos 300 aminoácidos. El gen, ADN que controla esto tiene unos mil nucleótidos en su cadena. Dado que hay cuatro tipos de nucleótidos en la cadena de ADN, una que consiste de mil enlaces o uniones podría existir en 41000 formas. Usando un poco de álgebra (logaritmos) podemos ver que 41000 = 10600. ¡Diez multiplicado por si mismo 600 veces da una cifra igual a un 1 seguido de 600 ceros! Este número está más allá de nuestro entendimiento"(110).

Mientras la cifra 10 seguida de once ceros es igual a un billón, una cifra con 600 ceros realmente es difícil de concebir. La imposibilidad de la formación de ARN y ADN por una acumulación casual de nucleótidos es expresada por el científico francés Paul Anger: "Tenemos que distinguir rigurosamente los dos escenarios en la formación fortuita de moléculas complejas, como los nucleótidos, por medio de acontecimientos químicos: la producción de nucleótidos uno por uno --lo cual es posible-- y la combinación de los mismos en frecuencias muy especiales. Esto último es absolutamente imposible"(111).

Incluso Francis Crick, quien creyó en la teoría de la evolución molecular durante muchos años, se dio cuenta, después del descubrimiento del ADN, que una molécula así de compleja no se podía formar fortuitamente como resultado de un proceso evolutivo: "Un hombre honesto, provisto de todo el conocimiento existente en la actualidad, solamente podría decir que, en algún sentido, el origen de la vida se presenta casi como un milagro"(112).

El profesor evolucionista Ali Demirsoy se vio forzado a hacer la siguiente confesión en la materia: "De hecho la probabilidad de la formación de una proteína y un ácido nucleico (ADN-ARN) es realmente incalculable. Por otra parte, la posibilidad de la aparición de una cierta cadena de proteína es tan pequeña como para ser llamada astronómica"(113).

Aquí se presenta una disyuntiva muy interesante: mientras el ADN se puede replicar solamente con la ayuda de algunas enzimas que en realidad son proteínas, la síntesis de las mismas se puede llevar a cabo solamente por medio de la información codificada en el ADN. Como ambos dependen uno del otro, tienen que existir simultáneamente para la duplicación. El microbiólogo norteamericano Jacobson hace el siguiente comentario al respecto: "Las órdenes de los planes reproductores, para el desarrollo de la secuencia y para la eficiencia del mecanismo que traslada las instrucciones que hacen al desarrollo en conjunto, tenían que estar presentes simultáneamente (cuando comenzó la vida). Esta combinación de sucesos se ha presentado como un acontecimiento accidental increíblemente improbable, y a menudo ha sido adscrito a la intervención divina"(114).

La cita anterior fue escrita dos años después del descubrimiento de la estructura del ADN por James Watson y Francis Crick. Pero a pesar de todos los desarrollos en las ciencias, el problema sigue sin ser resuelto por los evolucionistas. Dos científicos alemanes, Junker y Scherer, explicaron que la síntesis de cada una de las moléculas requeridas por la evolución química necesita condiciones distintas y que la probabilidad de la combinación de estas substancias, que teóricamente se valen de métodos muy distintos para formarse, es igual a cero: "Hasta ahora no se conoce ningún experimento con el cual podamos obtener todas las moléculas necesarias para la evolución química. Por lo tanto, es esencial producir distintas moléculas en distintos lugares bajo condiciones muy apropiadas y luego llevarlas a otro lugar para su reacción, protegiéndolas de los elementos dañinos como la hidrólisis y la fotólisis"(115).
 

Confesiones de los evolucionistas

Los cálculos de probabilidad dejan en claro que las moléculas complejas como las proteínas y los ácidos nucleicos (ADN y ARN) no pudieron jamás formarse por casualidad y de modo independiente entre sí. Así y todo, los evolucionistas tienen que enfrentar un problema mayor, es decir, que todas esas moléculas complejas tiene que coexistir simultáneamente con el objeto de que la vida exista en conjunto. La teoría de la evolución está totalmente confundida por este requerimiento, cosa que algunos destacados evolucionistas se vieron forzados a confesar. Por ejemplo, el Dr. Leslie Orgel, evolucionista de reputación de la Universidad de San Diego, California, y compañero de Stanley Miller y Francis Crick, dice: "Es extremadamente improbable que las proteínas y los ácidos nucleicos, ambos estructuralmente complejos, surgieran espontáneamente en algún lugar y al mismo tiempo. Sin embargo, parece imposible tener a unos sin los otros. Y así, en un primer vistazo, uno podría tener que concluir que la vida, en realidad, nunca se ha originado por medios químicos"(1).

El mismo hecho es admitido por otro científico: "El ADN no puede operar, incluida la formación de más ADN, sin la ayuda de proteínas catalíticas o enzimas. En breve, las proteínas no se pueden formar sin ADN pero el ADN no se puede formar sin las proteínas"(2).

"¿Cómo se originó el código genético junto con los mecanismos para su traslado (ribosomas y moléculas de ARN)? Por el momento tendremos que contentarnos con un sentido de asombro y reverencia antes que con una respuesta"(3).


1. Leslie E. Orgel, "The Origiin of Life on Earth", "Scientific American", vol. 271, Otubre 1994, p. 78.
2. John Horgan, "In the Beginning", "Scientific American", vol. 264, Febrero 1991, p. 119.
3. Douglas R. Hofstadter, Escher, Bach, "An External Golden Braid", New York, Vintage Books, 1980, p. 548.

En resumen, la teoría de la evolución es incapaz de demostrar ninguna de las etapas evolutivas que supuestamente ocurren a nivel molecular. El progreso de la ciencia, antes que proveer respuestas a esas cuestiones, las hace aún más complejas e intrincadas.

Resulta muy interesante que los evolucionistas crean en todos esos escenarios imposibles como si cada uno de ellos fuesen una realidad científica. Dado que están condicionados a no admitir la Creación, no tienen ninguna otra posibilidad más que creer en lo imposible. Un conocido biólogo austríaco, Michael Denton, nos habla de esto en su libro "La Evolución: Una Teoría en Crisis": "Para los escépticos, la proposición de que los programas genéticos de los organismos más elevados --consistentes en cerca de mil millones de bits de información, equivalente a la secuencia de letras en una pequeña biblioteca de mil volúmenes que contiene en incontables formas codificadas miles de intrincados algoritmos que controlan, especifican y ordenan el crecimiento y desarrollo de billones y billones de células en la forma de un organismo complejo-- fueron compuestos por un proceso solamente fortuito, resulta, simplemente, una afrenta a la razón. ¡Pero para los darwinistas --que aceptan la idea sin la mínima duda-- el ejemplo tiene prioridad!"(116).
 

LA VIDA ES ALGO SUPERIOR AL SIMPLE AMONTONAMIENTO DE MOLECULAS

Olvidemos por un momento todas las imposibilidades y supongamos que una molécula de proteína se formó en el medio ambiente más inapropiado y libre, como sería bajo las condiciones primordiales de la Tierra. La formación de una sola proteína no sería suficiente. La misma tendría que esperar pacientemente durante miles o millones de años en ese medio ambiente libre de todo control, sin sufrir ningún daño, hasta que se forme otra molécula más, por casualidad, bajo las mismas condiciones. Tendría que esperar hasta que millones de proteínas esenciales y bien hechas se formen una contigua a la otra, en el mismo medio circundante, y todas por "casualidad". Las que se formaron primero tienen que ser lo suficientemente pacientes para esperar --sin ser destruidas a pesar de los rayos ultravioletas y rigurosos efectos mecánicos-- a que se formen las otras exactamente en su adyacencia. Luego esas proteínas, en una cantidad adecuada, originadas todas en el mismo lugar, tendrían que reunirse y dar lugar a combinaciones provechosas para la formación de las organelas de las células. No tiene que interferir ningún material extraño, ninguna molécula dañina o alguna cadena de proteína inútil. Luego, aunque esas organelas fuesen a reunirse de una manera sumamente armoniosa y cooperativa, dentro de un orden y una planificación, todas deben autoposesionarse también de las enzimas necesarias, cubrirse con una membrana y en su interior contener un líquido especial para preparar el medio ambiente ideal requerido. Así y todo, si todos estos sucesos "altamente improbables" ocurrieron realmente de modo casual, ¿pasaría a tener vida ese amontonamiento molecular?.

La respuesta es NO, porque las investigaciones han revelado que la simple combinación de todos los materiales esenciales para la vida no es suficiente para que la vida se inicie. Incluso si todas las proteínas esenciales para la vida fuesen reunidas y puestas en una probeta, ello no resultaría en la producción de una célula viva. Todos los experimentos dirigidos a ese fin han probado ser ineficaces. Todas las observaciones y ensayos indican que la vida solamente se puede originar a partir de la vida. La aseveración de que la vida evolucionó a partir de materiales inertes, en otras palabras, de la "síntesis abiogenética", es una fábula que existe únicamente en los sueños de los evolucionistas y resulta algo en completo desacuerdo con los resultados de todos los experimentos y observaciones.

En este sentido, la vida primera sobre la Tierra se debe haber originado también a partir de otra vida. Es un reflejo de "Hayy", el nombre de Dios (El Dueño de la Vida). La vida solamente puede iniciarse, continuar y finalizar por Su voluntad. En cuanto a la evolución, no solamente es incapaz de explicar cómo se formó la vida, sino que también es incapaz de explicar cómo se han formado y reunido los elementos esenciales para la vida.

Chandra Wickramasinghe describe la realidad que enfrentó como científico a quien siempre se le había dicho que la vida emergió como resultado de coincidencias fortuitas: "Desde los inicios de mi formación como científico, recibí un fuerte lavado de cerebro para que crea que la ciencia no puede ser compatible con ningún tipo de creación premeditada. Me tuve que desprender de esa idea con gran sufrimiento. Ahora no encuentro ningún argumento racional para echar por tierra el criterio que sostiene la reconciliación con Dios (la vuelta a El). Estamos acostumbrados a tener una mente abierta y ahora comprobamos que la única respuesta lógica (respecto al origen) de la vida es la Creación y no su formación azarosa, accidental, desordenada"(117).
 
La Segunda Ley de la Termodinámica invalida la teoría de la evolución.
La Segunda Ley de la Termodinámica, aceptada como una de las leyes básicas de la física, sostiene que bajo condiciones normales todos los sistemas dejados a su propias voluntad tienden a volverse desordenados, dispersos y adulterados, en relación directa con el tiempo transcurrido. Todo lo viviente o inerte se agota, deteriora, decae, desintegra y destruye. Este es el fin categórico que todo lo existente enfrentará de una u otra manera. Y de acuerdo a esta ley no hay retorno de este proceso inevitable.

Lo dicho es algo que todos hemos observado. Por ejemplo, si llevamos un auto al desierto y lo dejamos allí, es muy difícil que lo vayamos a encontrar mejor cuando volvamos años más tarde. Por el contrario, veremos que los neumáticos se desinflaron, que las ventanas están rotas, que el chasis se ha aherrumbrado y el motor se ha deteriorado. El mismo proceso inevitable es cierto, e incluso con mayor rapidez, para los organismos vivos.

La Segunda Ley de la Termodinámica es el medio por el cual dicho proceso se define con ecuaciones y cálculos físicos.

A esta famosa ley física se la conoce también como Ley  de la Entropía. Entropía es la duración del desorden involucrado en un sistema físico. La entropía de un sistema aumenta mientras el mismo se dirige a un estado más desordenado, disperso y sin proyecto, proviniendo de otro estado ordenado, organizado y planificado. Cuanto mayor es el desorden de un sistema, mayor resulta su entropía. La Ley de la Entropía sostiene que todo el Universo avanza inevitablemente hacia un estado más desordenado, desorganizado, sin planificación.

La validez de la Segunda Ley de la Termodinámica o ley de la Entropía, está establecida experimental y teóricamente. Los más importantes científicos de nuestra época concuerdan en el hecho de que la Ley de la Entropía presidirá como el paradigma normativo el próximo período de la historia. Albert Einstein, el gran científico de nuestra época, dijo que es "la ley principal de toda la ciencia". Sir Arthur Eddington también se refirió a ella como "la ley metafísica suprema de todo el Universo"(1)

La teoría de la evolución es una afirmación que se presenta ignorando totalmente esa auténtica ley básica y universal de la física. El mecanismo ofrecido por la evolución contradice totalmente dicha ley. La teoría de la evolución dice que los átomos y las moléculas desordenados, dispersos e inorgánicos se reúnen espontáneamente con el tiempo en un cierto orden y con cierto plan para formar moléculas extremadamente complejas como las proteínas, el ADN y el ARN, después de lo cual dieron origen a millones de especies vivas distintas con estructuras aún más complejas. Según la teoría de la evolución, ese supuesto proceso que pasa por una estructura más compleja, más organizada, más ordenada y más planificada en cada etapa, se ha formado por sí mismo bajo las condiciones naturales. La Ley de la Entropía deja en claro que el llamado proceso natural contradice absolutamente las leyes de la física.

Los científicos evolucionistas también son conscientes de esto. Dice J. H. Rush: "En el curso complejo de su evolución, la vida exhibe un notable contraste con la tendencia expresada en la Segunda Ley de la Termodinámica. Donde esta ley expresa un avance irreversible hacia una entropía creciente y desordenada, la vida desenvuelve continuamente más altos niveles de orden"(2).

El científico evolucionista Roger Lewin expresa el atolladero termodinámico de la evolución en un artículo de la revista "Science": "Un problema que han enfrentado los biólogos es la aparente contradicción de la evolución con la Segunda Ley de la Termodinámica. Los sistemas deberían deteriorarse con el paso del tiempo, disminuyendo en vez de aumentar el orden"(3).

Otro científico evolucionista, George Stravropoulos habla en la revista evolucionista "American Scientist" de la imposibilidad termodinámica para la formación espontánea de la vida y de la imposibilidad de explicar un mecanismo vivo complejo por medio de las leyes naturales: "No obstante, bajo condiciones ordinarias, nunca se puede formar espontáneamente ninguna molécula orgánica compleja, sino que más bien se desintegrará, de acuerdo con la Segunda Ley. En realidad, cuanto más compleja es resulta más inestable, y lo que se confirma, más temprano o más tarde, es su desintegración. La fotosíntesis y todos los procesos de la vida, y la vida en sí mismo, a pesar de todo lo que se dice confusamente, deliberadamente o no, no puede comprenderse en términos de la termodinámica o de cualquier otra ciencia exacta"(4).

Como se reconoce, la Segunda Ley de la Termodinámica constituye un obstáculo insuperable para el escenario de la evolución, en términos tanto de la ciencia como de la lógica. Los evolucionistas, incapaces de presentar ninguna explicación coherente y científica para superar ese obstáculo, pueden imponerse al mismo solamente en su imaginación. Por ejemplo, el conocido Jeremy Rifkin señala su creencia de que la evolución anonada esta ley de la física con un "poder mágico": "La Ley de la Entropía dice que la evolución disipa toda la energía disponible para la vida en el planeta. Nuestro concepto de la evolución es exactamente el opuesto. Creemos que la evolución, de algún modo mágico, crea un valor y orden energético más grande sobre la Tierra"(5).

Estas palabras indican muy bien que la evolución es, plenamente, una creencia dogmática.

El mito del "sistema abierto".

Los evolucionistas, confrontados por todas esas verdades, se tuvieron que refugiar en una Segunda Ley de la Termodinámica destrozada, mutilada, al decir que la misma es cierta solamente para un "sistema cerrado", pero que un "sistema abierto" queda por fuera del campo de esa Ley.

Un "sistema abierto" es un sistema termodinámico en el que la sustancia energética fluye dentro y fuera del mismo, a diferencia de un "sistema cerrado" en el que la energía y sustancia inicial permanecen constantes. Los evolucionistas sostienen que el mundo es un sistema abierto: está constantemente expuesto a una energía que fluye desde el sol, la Ley de la Entropía no se aplica al mundo en su conjunto y los seres vivientes complejos y ordenados pueden generarse a partir de estructuras inanimadas, simples y desordenadas.

Sin embargo, en lo dicho hay una distorsión obvia. El hecho que un sistema tenga un flujo de energía no es suficiente para hacerlo ordenado. Se necesitan mecanismos específicos para que la energía sea funcional. Por ejemplo, un auto necesita un motor, un sistema de transmisión y mecanismos de control para convertir la energía de la gasolina en trabajo. Sin un sistema de conversión energética el auto no será capaz de usar la energía existente en la gasolina.

En el caso de la vida se aplica lo mismo. Es cierto que la vida deriva su energía del sol. Sin embargo, la energía solar puede convertirse en energía química solamente por medio de sistemas de conversión complejos en los organismo vivos. (Como la fotosíntesis en las plantas y los sistemas digestivos de humanos y animales). Nada puede vivir sin esos sistemas de conversión. Sin un sistema de conversión el sol no es más que una fuente de energía destructiva que quema, reseca o funde. 

Como se puede ver, un sistema termodinámico sin un mecanismo de conversión de la energía de algún tipo, no es provechoso para la evolución, sea abierto o cerrado. Nadie asevera que un mecanismo así, complejo y consciente, pudo haber existido en la naturaleza bajo las condiciones de la Tierra primitiva. En realidad, el problema a que hacen frente los evolucionistas es la cuestión de cómo pasaron a existir por sí mismos los mecanismos complejos de conversión de energía, como la fotosíntesis en las plantas, cosa que no pudo ser copiada ni siquiera con la moderna tecnología de hoy día.

El influjo de la energía solar en el mundo no tiene ningún efecto que por sí solo produciría orden. Independientemente de lo elevado de la temperatura, los aminoácidos resisten la formación de uniones en secuencias ordenadas. La energía por sí solo no es suficiente para hacer que los aminoácidos formen las moléculas mucho más complejas de las proteínas o para que éstas formen las estructuras organizadas y mucho más complejas de las organelas de las células. La fuente real y esencial de esa organización en todos los niveles es un designio consciente: en una palabra, la Creación.

La "teoría del caos" como escapatoria.

Algunos científicos evolucionistas, totalmente conscientes de que la Segunda Ley de la Termodinámica vuelve imposible la evolución, intentaron cerrar esa brecha por medio de especulaciones. Como siempre, incluso esos esfuerzos señalan que la teoría de la evolución enfrenta una desavenencia irreconciliable de la que no puede escapar.

Una persona distinguida por sus esfuerzos por unir la termodinámica y la evolución es el científico belga Ilya Prigogine. Partiendo de la teoría del caos propuso una serie de hipótesis mediante las cuales el orden tiene lugar desde el caos (desde el desorden). A pesar de sus mayores esfuerzos fue incapaz de concretar esa unión, cosa que se advierte claramente en lo que expresa: "Hay otra cuestión que nos ha fastidiado durante más de un siglo: ¿qué significado tiene la evolución de un ser viviente en el mundo descrito por medio de la termodinámica, un mundo de un desorden siempre creciente?"(6).

Prigogine, quien sabe realmente bien que las teorías a nivel molecular  no son aplicables a los sistemas vivientes, como en el caso de una célula viva, subraya este problema: "El problema del orden biológico involucra la transición de la actividad molecular al orden supramolecular de la célula. Este problema está lejos de ser resuelto"(7).

Ese es el punto más reciente alcanzado por la Teoría del Caos y las especulaciones conexas. No se ha obtenido ningún resultado concreto que apoye o verifique la evolución o elimine la contradicción de la evolución con la entropía y con otras leyes físicas.

A pesar de todos esos hechos evidentes, los evolucionistas intentaron defenderse con simples subterfugios. Verdades científicas sencillas indican que los organismos vivientes y sus estructuras complejas, planificadas y ordenadas, de ninguna manera pudieron pasar a existir por casualidad bajo circunstancias normales. Este hecho deja en claro que la existencia de lo viviente se puede explicar solamente por la intervención de un poder sobrenatural. Ese poder es la Creación de Dios, Quien creó todo el Universo de la nada. La ciencia ha probado que la evolución es imposible en lo que a la termodinámica concierne, y que la existencia de la vida no tiene ninguna explicación que no sea la Creación.



1. Jeremy Rifkin, "Entropy: A New World View", N. York, Vikking Press, 1980, p. 6.
2. J. H. Rush, "The Dawn of Life", N. York, Signet, 1962, p. 35.
3. Roger Lewin, "A Downward Slope to Greater Diversity", "Science", vol. 217, 24/9/1982, p. 1239.
4. George P. Stravropoulos, "The Frontiers and Limits of Science", "American Scientist", vol. 65, Noviembre-Diciembre 1977, p. 674.
5. Jeremy Rifkin, "A New World View", p. 55.
6. Ilya Prigogine, Isabelle Stengers, "Order Out of Chaos", N. York, Bantman Books, 1984, p. 129.
7. Idem, p. 175.

91 "Hoyle on Evolution", Nature, Vol 294, November 12, 1981, p. 105.
92 Ali Demirsoy, Kalitim ve Evrim (Inheritance and Evolution), Ankara: Meteksan Publishing Co., 1984, p. 64.
93 W. R. Bird, The Origin of Species Revisited. Nashville: Thomas Nelson Co., 1991, p. 304.
94 W. R. Bird, The Origin of Species Revisited. Nashville: Thomas Nelson Co., 1991, p. 305.
95 J. D. Thomas, Evolution and Faith. Abilene, TX, ACU Press, 1988. p. 81-82.
96 Robert Shapiro, Origins: A Sceptics Guide to the Creation of Life on Earth, New York, Summit Books, 1986. p.127.
97 Fred Hoyle, Chandra Wickramasinghe, Evolution from Space, New York, Simon & Schuster, 1984, p. 148.
98 Fred Hoyle, Chandra Wickramasinghe, Evolution from Space, p. 130.
99 Fabbri Britannica Bilim Ansiklopedisi (Fabbri Britannica Science Encyclopaedia), vol 2, No 22, p. 519.
100 Richard B. Bliss & Gary E. Parker, Origin of Life, California: 1979, p. 14.
101 Stanley Miller, Molecular Evolution of Life: Current Status of the Prebiotic Synthesis of Small Molecules, 1986, p. 7. 
102 Kevin Mc Kean, Bilim ve Teknik, No 189, p. 7.
103 J. P. Ferris, C. T. Chen, "Photochemistry of Methane, Nitrogen, and Water Mixture As a Model for the Atmosphere of the Primitive Earth", Journal of American Chemical Society, vol 97:11, 1975, p. 2964.
104 "New Evidence on Evolution of Early Atmosphere and Life", Bulletin of the American Meteorological Society, vol 63, November 1982, p. 1328-1330.
105 Richard B. Bliss & Gary E. Parker, Origin of Life, California, 1979, p. 25.
106 W. R. Bird, The Origin of Species Revisited, Nashville: Thomas Nelson Co., 1991, p. 325.
107 Richard B. Bliss & Gary E. Parker, Origin of Life, California: 1979, p. 25.
108 Richard B. Bliss & Gary E. Parker, Origin of Life, California: 1979, p. 25.
109 S. W. Fox, K. Harada, G. Kramptiz, G. Mueller, "Chemical Origin of Cells", Chemical Engineering News, June 22, 1970, p. 80.
110 Frank B. Salisbury, "Doubts about the Modern Synthetic Theory of Evolution", American Biology Teacher, September 1971, p. 336.
111 Paul Auger, De La Physique Theorique a la Biologie, 1970, p. 118.
112 Francis Crick, Life Itself: It's Origin and Nature, New York, Simon & Schuster, 1981, p. 88.
113 Ali Demirsoy, Kalitim ve Evrim (Inheritance and Evolution), Ankara: Meteksan Publishing Co., 1984, p. 39.
114 Homer Jacobson, "Information, Reproduction and the Origin of Life", American Scientist, January 1955, p.121.
115 Reinhard Junker & Siegfried Scherer, "Entstehung Gesiche Der Lebewesen", Weyel, 1986, p. 89.
116 Michael Denton, Evolution: A Theory in Crisis. London: Burnett Books, 1985, p. 351.
117 Chandra Wickramasinghe, Interview in London Daily Express, August 14, 1981.


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